El silencio frente a un brazalete

Llevamos 4 días de mundial y la actualidad pivota entre los partidos, los brazaletes, las posibles despedidas de las grandes estrellas del fútbol de esta cita y lo que pasa con los aficionados que sí viajan a Qatar y sí acuden a los estadios (no los que coloca el país anfitrión para llenar las gradas). Como me temía, me está tocando ver más fútbol del que me gustaría y con los horarios de los partidos, estratégicamente colocados para que Europa pueda verlos tranquilamente en su casa, en su sofá, me está tocando negociar con el mando de la televisión. No siempre gano, también les digo.
El caso es que el lunes me senté con mi hijo con cierto interés por ver qué pasaba: varias selecciones anunciaron que serían valientes, que aprovecharían la ventana que les daba el mundial para reivindicar los derechos fundamentales que en ese país se niegan sistemáticamente. Se iban a poner el brazalete One Love con un lema a favor de la diversidad, la inclusión y los derechos de las personas LGTBI. Los capitanes de la selección de Inglaterra, Gales, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Noruega, Suecia, Suiza y Países Bajos saltarían al campo de juego con ese brazalete. Por cierto, la de España, nada de nada, muda … de momento. Era un gesto, más o menos valiente, que, como mucho, les podía suponer una sanción económica. Y que, dadas las circunstancias, tendría una repercusión importante, sería un mensaje muy potente a todos esos colectivos que se siguen sintiendo invisibles en países como Qatar.
Sus nombres no son tan conocidos como los jugadores europeos, pero su gesto ha dado la vuelta al mundo
Pero, el poderoso fútbol apretó sus engranajes y advirtió a los jugadores de que, si lo hacían, serían amonestados con una tarjeta amarilla antes incluso de empezar el partido. Y ahí, entró el pánico. Jugadores como Gareth Bale o Harry Kane, capitán de la selección inglesa, decidieron guardar el brazalete en su taquilla y acatar las normas.
Pero nadie contaba con el gesto de los jugadores de la selección iraní, precisamente contra la que se enfrentaba la selección de Kane. Durante el himno, sus jugadores se quedaron mudos. Protestaban así por la brutalidad en las protestas por la muerte de Mahsa Amini. Ellos sabían que su gesto puede tener consecuencias, muy probablemente en cuanto aterricen de vuelta a Teherán, tras el mundial, pueden ser arrestados por las autoridades iraníes. Pero lo hicieron, a pesar de todo lo hicieron. Sus nombres no son tan conocidos como los jugadores europeos, pero su gesto ha dado la vuelta al mundo. En la rueda de prensa el capitán fue más allá y admitió que las condiciones en su país no son las adecuadas y que ellos tienen la voz que a otros se les niega y que, lo que hicieron, lo hicieron por todos ellos.
Ellos se quedaron mudos. En frente, jugadores que no ponen en riesgo su futuro ni su seguridad, solo sus resultados deportivos, decidieron no ponerse un inocente brazalete ante el miedo a una tarjeta. Es la valentía del primer mundo frente a quienes viven bajo una dictadura. Así estamos.

El silencio frente a un brazalete

Llevamos 4 días de mundial y la actualidad pivota entre los partidos, los brazaletes, las posibles despedidas de las grandes estrellas del fútbol de esta cita y lo que pasa con los aficionados que sí viajan a Qatar y sí acuden a los estadios (no los que coloca el país anfitrión para llenar las gradas). Como me temía, me está tocando ver más fútbol del que me gustaría y con los horarios de los partidos, estratégicamente colocados para que Europa pueda verlos tranquilamente en su casa, en su sofá, me está tocando negociar con el mando de la televisión. No siempre gano, también les digo. El caso es que el lunes me senté con mi hijo con cierto interés por ver qué pasaba: varias selecciones anunciaron que serían valientes, que aprovecharían la ventana que les daba el mundial para reivindicar los derechos fundamentales que en ese país se niegan sistemáticamente. Se iban a poner el brazalete One Love con un lema a favor de la diversidad, la inclusión y los derechos de las personas LGTBI. Los capitanes de la selección de Inglaterra, Gales, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Noruega, Suecia, Suiza y Países Bajos saltarían al campo de juego con ese brazalete. Por cierto, la de España, nada de nada, muda … de momento. Era un gesto, más o menos valiente, que, como mucho, les podía suponer una sanción económica. Y que, dadas las circunstancias, tendría una repercusión importante, sería un mensaje muy potente a todos esos colectivos que se siguen sintiendo invisibles en países como Qatar. Sus nombres no son tan conocidos como los jugadores europeos, pero su gesto ha dado la vuelta al mundo Pero, el poderoso fútbol apretó sus engranajes y advirtió a los jugadores de que, si lo hacían, serían amonestados con una tarjeta amarilla antes incluso de empezar el partido. Y ahí, entró el pánico. Jugadores como Gareth Bale o Harry Kane, capitán de la selección inglesa, decidieron guardar el brazalete en su taquilla y acatar las normas. Pero nadie contaba con el gesto de los jugadores de la selección iraní, precisamente contra la que se enfrentaba la selección de Kane. Durante el himno, sus jugadores se quedaron mudos. Protestaban así por la brutalidad en las protestas por la muerte de Mahsa Amini. Ellos sabían que su gesto puede tener consecuencias, muy probablemente en cuanto aterricen de vuelta a Teherán, tras el mundial, pueden ser arrestados por las autoridades iraníes. Pero lo hicieron, a pesar de todo lo hicieron. Sus nombres no son tan conocidos como los jugadores europeos, pero su gesto ha dado la vuelta al mundo. En la rueda de prensa el capitán fue más allá y admitió que las condiciones en su país no son las adecuadas y que ellos tienen la voz que a otros se les niega y que, lo que hicieron, lo hicieron por todos ellos. Ellos se quedaron mudos. En frente, jugadores que no ponen en riesgo su futuro ni su seguridad, solo sus resultados deportivos, decidieron no ponerse un inocente brazalete ante el miedo a una tarjeta. Es la valentía del primer mundo frente a quienes viven bajo una dictadura. Así estamos.

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