Al menos siete muertos y duros disturbios en Teherán por la muerte de Mahsa Amini

Cientos de jóvenes toman las calles de la capital iraní para protestar el uso obligatorio del velo y las normas que imponen el recato en el espacio público Leer

Al menos siete muertos y duros disturbios en Teherán por la muerte de Mahsa Amini

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La mirada del corresponsal Mahsa Amini, nuevo símbolo de las jóvenes iraníes Derechos El desafío de quitarse el velo en Irán

«Podría haber muerto alguna amiga mía, alguna prima, alguna hermana. O podría haber sido yo«, lamenta Goli con el corazón encogido. Esta joven iraní lleva días durmiendo mal. Con dolor de alma tras conocer la muerte bajo custodia de Mahsa Amini. Su frase resume el sentir de muchos compatriotas, de los que han salido a manifestarse y de los que, por temor a represalias, prefieren quedarse en casa y verter su indignación en internet, que el martes comenzó a experimentar cortes.

Las fuerzas de seguridad se han desplegado este martes profusamente por el centro de Teherán para contener las protestas que habían comenzado el día anterior, y que habían desembocado en graves disturbios. En la capital, el lunes, cientos de jóvenes marcharon desde las universidades de Teherán, Amir Kabir o Shahid Beheshti. Algunos confrontaron a los antidisturbios con piedras o dañando coches policiales. Los agentes los reprimieron con cañones de agua, gas pimienta y porras. A día de hoy, han resultado heridas 450 personas y se han arrestado a 500.

Las mujeres han tomado un rol preponderante en las manifestaciones. Un grupo nutrido se ha quitado el velo o incluso lo ha quemado en plena calle, como acto de rechazo a las normas que imponen el recato en el espacio público. Otras se han cortado el pelo a tijeretazos. Ciudades como Isfaján, Shiraz y Rasht han sido escenario de concentraciones en las que sobre todo jóvenes, aunque también personas de edad mayor y veladas se han unido a los actos de repulsa por la muerte de la muchacha. «¿Ser asesinadas por el velo? ¿Cuánto durará esta humillación?», han cantado las estudiantes. «Mujer, vida, libertad», ha sido otro de los eslóganes.

En la región occidental kurda, donde nació Mahsa Amini, los choques fueron letales. Siete personas han perdido la vida por disparos de funcionarios contra los manifestantes, que llamaron a la huelga. Oficialmente no se confirmado ninguna muerte en estas protestas, que suponen el enésimo desafío popular a un sistema que, este martes, a través de medios estatales, ha culpado a los manifestantes de usar la muerte de Amini como «excusa» para fines «separatistas» patrocinados desde el exterior.

Si durante las protestas de 2019, 2020 y 2021, ocurridas mayormente en ciudades de provincia y que dejaron decenas de muertos, los motivos de la movilización habían sido económicos, lo que galvaniza a la mayoría, esta vez, es el dolor y la empatía. «En Irán, la gente toma la calle por dos razones: libertad o pan. Mientras que la clase media pide reformas, los menos privilegiados protestan por el pan, y hay poca solidaridad entre estos dos grupos», ha señalado el académico Ali Alfoneh en un trino.

«En raras ocasiones, ambos grupos se unen y suponen un reto serio a la estabilidad del régimen», ha añadido Alfoneh, aludiendo a la situación actual. Ante la reacción, el Gobierno ha tomado cartas en el asunto para mitigarla. Ha abierto una investigación sobre las circunstancias de la muerte de Amini, ha prometido rendir cuentas con los culpables y ha permitido un debate público sobre la los métodos coercitivos de las Patrullas de Orientación, la Policía moral, que bajo la administración de línea dura actual ha ampliado recientemente sus competencias.

Medios oficiales iraníes informaron este martes de que un enviado del Líder Supremo ha visitado a la familia de la chica para ofrecerles sus condolencias, un mensaje que también les había transmitido el Gobierno de Ibrahim Raisi. El delegado, Abdolreza Pourzahabi, ha asegurado a la familia que «todas las instituciones actuarán para defender los derechos que fueron violados», y que llevaron al fatal desenlace.

El martes pasado, Mahsa Amini fue detenida por la Policía moral por llevar un velo contrario a los dictámenes religiosos en el céntrico parque capitalino de Haqqani mientras estaba de visita familiar. A partir de aquí las versiones difieren. Según fuentes policiales, la chica, de 22 años, sufrió un episodio cardíaco mientras estaba en comisaría para recibir un «curso de reeducación». Salió del cuartel en ambulancia y murió el viernes tras haber estado supuestamente en coma.

En contra de las informaciones oficiales, que resaltan una condición médica previa que pudo provocar su muerte, la familia de Amini denuncia que su niña estaba sana cuando fue arrestada. La fotografía de un hilo de sangre saliendo del oído de Mahsa cuando estaba moribunda, con la coronilla cubierta de gasas, ha dado pie a especulaciones entre los observadores sobre si pudo ser agredida en el furgón policial, tal y como han asegurado testigos no verificados. Sin resultados de la autopsia por el momento, 71 médicos iraníes, bajo el paraguas de la Organización de Medicina Forense, han publicado este martes una carta exigiendo una investigación «de los aspectos médicos» de la muerte de Amini «sin compromiso y en base únicamente a los estándares de la ciencia médica».

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